48 horas en Benahavís: pozas, acequias y un castillo sobre la Costa del Sol

48 horas en Benahavís: pozas, acequias y un castillo sobre la Costa del Sol

Cuando alguien habla de la Costa del Sol, a casi todo el mundo se le viene a la cabeza lo mismo: chiringuitos, espetos, playas con hamacas y puertos deportivos con barcos impresionantes. Pero si te cansa tanta arena, hacia el interior, de repente, las palmeras dejan paso a los pinos, el terreno se vuelve abrupto y empiezas a escuchar el agua correr entre cañones de piedra. Ahí, Benahavís aparece casi por sorpresa entre las montañas de la Serranía de Ronda, rompiendo con el paisaje típico de playa y cemento de la costa.

Este rincón es el sitio perfecto para plantar el campamento un fin de semana si buscas moverte por la naturaleza, comer bien y contagiarte del ritmo tranquilo que todavía conservan estos pueblos. Una opción comodísima es el Bakour Oh Nice Costa Del Sol, que está al lado de los senderos y viene de lujo para desconectar y descansar después de pegarte todo el día de caminata.

Día 1: El cañón, las pozas y el sabor del pueblo

El gran protagonista en Benahavís es el río Guadalmina. Él solito ha ido moldeando la roca caliza durante miles de años hasta crear un parque de atracciones natural que hoy atrae a cualquiera que busque un poco de aventura.

Mañana: El descenso del Cañón de las Angosturas

Toca calzarse unas zapatillas viejas, ponerse ropa que se pueda mojar y salir a la aventura. El Cañón de las Angosturas es uno de los descensos de río más divertidos y accesibles que vas a encontrar en Andalucía. No hace falta ser un profesional del barranquismo para pasártelo bien, aunque si vas con niños o no te ves muy seguro, nunca está de más contratar a algún guía local.

El punto de salida suele ser la Poza de las Mozas, una especie de piscina natural enorme y de agua cristalina donde los chavales del pueblo se pasan el verano saltando desde las rocas. Una vez que te metes de lleno en el cauce, las paredes de piedra empiezan a estrecharse y se elevan una barbaridad sobre tu cabeza. Hay tramos tan angostos que apenas entra un rayo de sol, lo que crea un ambiente superfresco que se agradece muchísimo si vas en pleno verano.

El recorrido es genial porque combina zonas donde te toca nadar un rato con pequeños toboganes de piedra pulida por la corriente y cascadas bajas. Es una forma espectacular de empezar el viaje.

Tarde: El encanto blanco y la capital gastronómica

Después de una buena ducha, el plan perfecto para la tarde es perderse por el casco urbano de Benahavís. El pueblo mantiene intacto su pasado árabe: calles empinadas y estrechas, fachadas blancas que deslumbran y un montón de macetas con flores en cada rincón. Da gusto pasear sin rumbo, curiosear en las tiendas de artesanía o acercarte a ver el Palacio de Benahavís del siglo XVI que llama la atención.

Al caer la noche, prepárate para disfrutar, porque a Benahavís lo llaman “el comedor de la Costa del Sol” por algo. Para lo pequeño que es, tiene una cantidad increíble de restaurantes y mesones donde se come de escándalo. Aquí la comida tira más hacia la montaña que hacia el mar, así que lo suyo es pedir carne: un buen solomillo ibérico, cordero o platos de caza.

Sentarse a cenar en alguna de las terrazas de la avenida Andalucía con el fresquito que baja de la sierra es un auténtico placer.

Día 2: Senderos de agua y la cumbre de la historia

Para el segundo día, el plan es un poco más relajado pero igual de bonito. Esta vez no te vas a empapar en el río, sino que vas a seguir el camino que hacían los antiguos pobladores para canalizar el agua de la sierra.

Mañana: La ruta de la Acequia del Guadalmina

Esta caminata es, sin duda, una de las más sencillas y fotogénicas de toda la zona. Lo mejor que tiene es que vas todo el rato pegado a una acequia de la época árabe que todavía lleva agua para regar las huertas de abajo. Al ser un sendero prácticamente llano, se avanza sin ningún esfuerzo mientras disfrutas del olor a poleo, la vegetación verde y el sonido constante del agua a tu lado.

El momento estrella de la mañana llega cuando te toca cruzar un puente colgante de madera bastante alto que salva el desfiladero del río. Las vistas desde ahí arriba imponen bastante, sobre todo si miras hacia el cañón por el que estuviste nadando el día anterior. Hay varios miradores a lo largo de la ruta donde merece la pena parar a echar fotos del paisaje y ver el pueblo a lo lejos.

Es un paseo ideal para hacer temprano, cuando el ambiente está tranquilo y el sol todavía no aprieta demasiado.

Tarde: Conquista al Castillo de Montemayor

Para terminar el fin de semana, toca subir a lo más alto. El Castillo de Montemayor es una antigua fortaleza del siglo X que corona la montaña más alta del municipio. Podrás subir una parte en coche, pero el último tramo es a pie por una cuesta empinada que te hará sudar, pero la recompensa merece la pena.

Quedan en pie cuatro piedras de las murallas y los torreones, pero es que el verdadero espectáculo de Montemayor son las vistas. En la Edad Media usaban esta posición estratégica para vigilar el tráfico de barcos en el Estrecho de Gibraltar, porque con el cielo despejado, puedes admirar todo el litoral, ver como el Peñón se recorta nítido frente a ti y se llega a vislumbrar al fondo la sombra de la costa de Marruecos.

No se me ocurre una forma mejor de despedirse de Benahavís.

Para acabar: Consejos prácticos para tu escapada

Si visitas Benahavís, hazme caso y mete en la mochila algo más que unas chanclas. Vas a necesitar unos escarpines o botas con buena suela que agarren bien para no pegarte un resbalón en las piedras del río, y unas zapatillas de deporte cómodas para la subida al castillo.

En cuanto a las fechas, la primavera y el principio del otoño son los momentos perfectos: el río lleva agua de sobra y el clima acompaña para caminar por el monte sin derretirse de calor.

Ahora ya sabes cómo disfrutar de 48 horas en Benahavís, así que lánzate a descubrir este rincón de Málaga que te va a recargar las pilas desde el primer minuto.

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